Secretaría General de Gobierno

Efemerides del mes

Diciembre 2016

 

Al cambiar la división territorial de la Nueva España, la Provincia de la Nueva Galicia pierde parte de su territorio y se le rebautiza con el nombre de Intendencia de Guadalajara 

4 de diciembre de 1784 

Se expidió en la Nueva España, por iniciativa del Ministro Universal de las Indias, José de Gálvez, Marqués de Sonora, una real ordenanza que cambió la división territorial de todo el virreinato quedando fraccionado en doce intendencias y tres provincias. En este reacomodo geográfico político, el Reino de la Nueva Galicia sufrió significativas mutilaciones territoriales y, además, fue rebautizado con el nombre de Intendencia de Guadalajara.
Estas reformas no fueron espontáneas, sus antecedentes históricos más profundos los encontramos en los cambios dinásticos españoles de principios del siglo XVIII. La dinastía que construyó la grandeza de España se había extinguido con Carlos II. Nuevos monarcas gobernaban el feneciente imperio, los Borbones. Si uno de ellos destacó por sus ideas ilustradas y reformas revolucionarias, ese fue Carlos III, quien venciendo la resistencia de grupos y fuerzas locales, como la Iglesia y la burguesía criolla, echó a andar, como ningún otro monarca español, la Reforma Borbónica; reforma que representó un cambio radical en la forma de organizar, administrar y gobernar los virreinatos.
La real ordenanza disponía cambios importantes, todos ellos consonantes con el espíritu absolutista y centralista que caracterizó al reinado de Carlos III; le restaba autonomía a las provincias; pero, también mejoró la eficacia de su administración y gobierno al reunir en un solo cuerpo las diversas leyes y reales cédulas y, además, quedaron mejor delimitadas y claras las atribuciones y funciones de los gobernantes. También se establecieron reglas sencillas de recaudación y de inversión de las rentas.
En la Nueva Galicia, los primeros efectos de la real ordenanza fueron negativos. Su territorio quedó reducido a los hoy estados de Jalisco, Aguascalientes, Nayarit y Colima. El título de Gobernante de Nueva Galicia fue reemplazado por el de Intendente, Gobernador y Presidente, siendo Antonio de Villaurrutia, ministro honorario del Consejo de Indias y oidor decano de las audiencias de Santo Domingo y de México, el primero en ostentar este recién creado título.

 

El general delahuertista, Enrique Estrada se apodera de Guadalajara obligando al gobernador  José Guadalupe Zuno a huir

7 de diciembre de 1923,
El levantamiento armado del general Adolfo de la Huerta en contra del presidente Álvaro Obregón obtuvo en el occidente del país un importante éxito militar, cuando el general delahuertista, Enrique Estrada, tomó el estado de Jalisco y nombró, al día siguiente, a Francisco Tolentino gobernador provisional en lugar de José Guadalupe Zuno, quien, meses después, retomó la gubernatura cuando la rebelión fue sometida por los generales leales al régimen obregonista.
El conflicto se suscitó desde la contienda presidencial que enfrentó a Adolfo de la Huerta con Plutarco Elías Calles, el candidato del hombre fuerte de la Revolución, Álvaro Obregón. La división en la familia revolucionaria fue patente cuando De la Huerta renunció, el 25 de septiembre, al Ministerio de Hacienda por sus diferencias con Obregón, y para preparar mejor su campaña por la silla presidencial. Disgustado por el apoyo gubernamental que recibió su contrincante, De la Huerta se olvidó de los discursos y la propaganda y el 7 de diciembre se rebeló en Veracruz contra Obregón.
Como si estuvieran esperando la asonada armada, de inmediato varías decenas de generales se unieron decididamente a De la Huerta, entre ellos, el que más figuró y sorprendió, al menos en el occidente del país, fue el general Enrique Estrada, jefe de la Segunda División del Noroeste.
Estrada mantuvo comunicación constante con De la Huerta, estaba listo para actuar con decisión y cálculo, y así lo hizo. El mismo día del pronunciamiento, le envió un telegrama a Obregón donde le advertía que derrocaría a su gobierno porque éste se olvidó de los principios de la Revolución y violaba laLey que juró cumplir.
Los soldados estradistas en pocas horas se apoderaron de Guadalajara y de las oficinas gubernamentales. Fiel a Obregón y sin apoyo militar, Zuno abandonó la capital. Al día siguiente, Estrada pone en su lugar a Francisco Tolentino.
Animado por la victoria alcanzada por los delahuertistas en Zacoalco, Estrada decide salir de Guadalajara para tomar la capital de la república, situación que aprovechan los obregonistas para lanzarse a la ofensiva y regresar al poder a Zuno. Los meses venideros fueron de derrotas para los 36 generales que secundaron a De la Huerta, muchos fueron fusilados como Manuel M. Diéguez, otros, como Enrique Estrada, lograron salir del país. Estrada, tras sufrir un nuevo revés militar en Ocotlán, se salvó de las represalias de Obregón escapando a los Estados Unidos.
 

Finaliza la Guerra del Mixtón

Diciembre de 1541
Finalizó la llamada Guerra del Mixtón. Esta insurrección se propagó principalmente por el norte del estado y fue encabezada por Tenamaxtli, llamado también Diego Zacatecas. Para sofocar la insurrección, el gobernador de la Nueva Galicia, Cristóbal de Oñate, mandó a Miguel de Ibarra con 40 soldados e indios aliados con rumbo al cerro del Mixtón o del Gatito, posición donde se habían hecho fuertes los insurrectos.
Sin esperar el ataque de los españoles, los defensores del cerro se volcaron contra las fuerzas de Ibarra aprovechando la penumbra ocasionada por un eclipse solar que se verificó ese mismo día; arremetieron con tal furia que hicieron huir a los españoles y a sus aliados.
Oñate tomó con calma esta derrota, aunque el riesgo de una rebelión indígena de mayores dimensiones se acrecentaba día con día. Por consejo del propio virrey Antonio de Mendoza, Oñate le solicitó al capitán Pedro de Alvarado su intervención en el conflicto. Tras participar en la toma de Tenochtitlán como oficial de Cortés, conquistó Guatemala e inició, por órdenes del virrey, exploraciones por el Mar del Sur. En el momento que fue requerido por Oñate, sus barcos se encontraban anclados en los puertos de Navidad y de Manzanillo.
Por mandato de Mendoza y atendiendo a las suplicas de Oñate, Alvarado se desplazó junto con su ejército hasta la ciudad de Guadalajara, de la cual marchó sin esperar los refuerzos enviados por el virrey y desatendiendo los consejos del gobernador de la Nueva Galicia que en vano le hizo notar su desconocimiento del enemigo y de la región. Haciendo gala de su temeridad, Alvarado atacó el Peñón de Nochistlán, donde se hallaban fortificadas las fuerzas de Tenamaxtli. Los insurrectos descendieron del cerro con tal furia que hicieron retroceder a los hombres de Alvarado. En su esfuerzo por ponerse a salvo, uno de ellos, de apellido Montoya, se desbarrancó con todo y caballo arrastrando consigo a Alvarado que cubría la retirada de su ejército. Alvarado no se recuperó de sus heridas y murió días después.
Esta nueva derrota forzó al virrey a salir de la capital al frente de un nutrido ejército a pacificar la Nueva Galicia, donde los levantamientos indígenas se generalizaron a tal grado que Oñate tuvo que trasladar la ciudad de Guadalajara al Valle de Atemajac, por ser ésta una zona más segura y defendible.
Tras exhortarlo a que se rindiera pacíficamente, Mendoza atacó a Tenamaxtli y a los casi quince mil indios que lo secundaron. Los expulsaron del cerro del Peñón de Nochistlán y por fin los vencieron en el peñón del Mixtón, tras cruentos combates que duraron siete días.
 

Francisco Villa ocupa  la ciudad de Guadalajara

17 de diciembre de 1914
 Villa y su División del Norte entran a Guadalajara y se instalan en Palacio de Gobierno.
El panorama político militar del país era por demás borrascoso, los jefes y generales revolucionarios, tras derrocar a Huerta, la emprendieron unos contra otros. La Convención de Aguascalientes nombró a Eulalio Gutiérrez presidente de la República; Emiliano Zapata y Francisco Villa le dieron su reconocimiento; no así Venustiano Carranza; quien ante el asedio de estos dos caudillos trasladó su gobierno a Veracruz, mientras una fuerza de 50 mil villistas y zapatistas ocupaban la capital, el 6 de diciembre.
Quedó claro que  el Centauro del Norte y  el Caudillo del Sur no ambicionaban el poder, pues tan pronto arreglaron unos asuntos con el presidente, acordaron en Xochimilco que el Ejército del Sur atacaría Puebla para después caer sobre Veracruz y poner fin al gobierno de Carranza. Mientras tanto, Villa combatiría a los carrancista en el Norte.
En su avance en pos de las tropas obregonistas, Villa aprovecha para auxiliar a Julián Medina en su propósito de tomar Guadalajara. Medina ya había hecho lo propio al derrotar al carrancista Juan José Ríos y obligar a Manuel M. Diéguez a replegarse hasta Ciudad Guzmán, donde aguardó el avance conjunto de Villa y Medina sobre Guadalajara, hecho que se consumó el 17 de diciembre.
Diéguez no sembró simpatías entre los habitantes de la ciudad; muchas de sus acciones de gobierno fueron impopulares. Por eso, los tapatíos recibieron con entusiasmo y esperanza a los villistas de quienes esperaban un mejor trato, y así fue, al menos los primeros días. Villa nombró gobernador a Medina y ambos en pleno ejercicio del poder se comprometieron a dar seguridad tanto al trabajo como al capital. Inmuebles confiscados a la clase acomodada fueron devueltos a sus propietarios. Como una gracia especial, Villa estableció la tolerancia religiosa y otorgó todas las garantías necesarias para que los sacerdotes ejercieran su ministerio.
Con estas medidas, Villa se congració con los tapatíos, mas no por mucho tiempo, ya que presionado por las críticas que lo empezaban a tildar de reaccionario por tomar partido por la Iglesia y los ricos, cambió su actitud tolerante por otra más enérgica que no dejó duda sobre su filiación revolucionaria. Así lo demostró en un banquete que le ofrecieron el comercio, la banca y la industria. En dicha ocasión y para horror de los comensales mandó matar a Joaquín Cuesta Gallardo, hermano del ex gobernador de Jalisco.
Diéguez a pesar de su retirada a Ciudad Guzmán no había renunciado a la ofensiva y en cuanto vio a su ejército lo bastante reforzado con las tropas de Roque Estrada, Pedro Morales, Pedro Torres y Francisco Murguía, que venían en su auxilio, fue al encuentro de las fuerzas villistas de Guadalajara. Su avance no tuvo mayor percance hasta antes de llegar a las afueras de la ciudad, ya que sus tropas sólo enfrentaron pequeñas gavillas a las que derrotaron con facilidad.
El desenlace de toda aquella saga revolucionaria que tuvo lugar en Jalisco pronto habría de presentarse: Diéguez derrotó en el cerro del Cuatro a una fuerza de diez mil villistas y, en la tarde, en compañía de Murguía, terminó de barrer con el enemigo persiguiendo a los casi nueve mil hombres de Julián Medina y Rodolfo Fierro, que huían en franca desbandada. Sin más enemigos en el camino, el 19 de enero, Diéguez y Murguía entraron en Guadalajara, ciudad que en pocos meses volvió a ser presa de guerra de villistas y carrancistas.
 

Nuño Beltrán de Guzmán salió de la ciudad de México a la conquista de la Nueva Galicia

 21 de diciembre de 1529,
Presionado por el regreso de Hernán Cortés y alentado por la Real Audiencia, Nuño Beltrán de Guzmán salió de la ciudad de México a la conquista del Occidente del país.
La Nueva España pasaba por momentos de tempestad política: las ambiciones personales, la desmedida codicia y sed de poder de ciertos conquistadores propiciaban rivalidades que se resolvían en luchas intestinas, que tenían desquiciado al gobierno y a la sociedad hundida en la anarquía.
Si alguien era señalado por la Corte española como culpable o responsable de la barbarie que vivía el virreinato, ése era Hernán Cortés, quien para aquellas fechas tenía como principal preocupación ir a la metrópoli a desmentir todas las acusaciones que pesaban sobre su persona y a demandar honores y recompensas.
El viaje de Cortés y por consecuencia su salida de la escena política novohispana le dejó el camino despejado a quien será con el tiempo su más acérrimo enemigo, Nuño Beltrán de Guzmán.
Los historiadores califican a Nuño de Guzmán de hombre osado y cruel y las crónicas de sus empresas militares y políticas corroboran estas impresiones. Nació en Guadalajara, España. Estando en Santo Domingo o isla La Española, se le encomendó el gobierno de la Provincia del Pánuco. Para entonces, Nuño no poseía ninguna experiencia política ni militar; pese a ello, se le otorga el cargo, cuyo desempeño le fue granjeando su futura fama de ambicioso y despiadado. Según las denuncias del obispo Juan de Zumárraga, gustaba de torturar y ahorcar a los indios; además, los vendía como esclavos en tal cantidad que prácticamente despobló de aborígenes la provincia.
En vez de ser castigado, Nuño recibe un mejor cargo, se le nombra presidente de la Real Audiencia. Tomó posesión de su cargo en diciembre de 1528; lo asume con la consigna de continuar con la tarea de instruir, catequizar y proteger a los indios. Nuño ignoró las órdenes y deseos de la Corona y se dio, como ya era su costumbre, a un sinfín de excesos y abusos de poder; trató con escarnio a los indios y la tomó contra los amigos y protegidos de Cortés. Zumárraga no tardó en denunciar al incorregible presidente y en una carta que envió al rey le hizo un inventario de todos los crímenes e infamias cometidas por Nuño de Guzmán.
Si las denuncias no le intimidaron, sí lo hizo la noticia del regreso de Cortés. El conquistador de los mexicas estaba enterado de cómo sus bienes y los de sus protegidos y amigos habían sido incautados por Nuño, y venía dispuesto a saldar cuentas con él. No lo esperó, agarrándose de la justificación de ir en pos de nuevas conquistas, dispuso todo lo necesario para salir de la capital con rumbo al occidente del virreinato. Aunque toda empresa de conquista requería la aprobación del Gobierno de Indias, ninguna de las autoridades novohispanas se opuso a Nuño de Guzmán con tal de verse libres de él.
Repartiendo pueblos y encomiendas o forzando voluntades, reunió a varios compañeros junto con 150 soldados, ocho mil mexicanos y tlaxcaltecas y diez piezas de artillería; para financiar este ejército tomó diez mil pesos de las cajas reales. Salió de la capital el 21 de diciembre de 1529. Fruto de esta empresa fue la conquista del territorio que durante la Colonia fue conocido como el Reino de la Nueva Galicia.

Autor: martha.ramirez - Secretaría General de Gobierno
Fecha de actualización: 05/12/2016 - 16:54:49