Secretaría General de Gobierno

Efemerides del mes

Febrero de 2017

 

Cumplido inaugura el Instituto del Estado, centro educativo que vino a sustituir a la Universidad de Guadalajara.

1 de febrero de 1827   
 
            Por segunda ocasión, Juan N. Cumplido encabezaba la administración del Estado de Jalisco. En su segundo mandato, condujo sus acciones con espíritu reformista y  apego a los principios del partido liberal. Dio continuidad a proyectos que su antecesor, Prisciliano Sánchez, dejó inconclusos; proyectos como la restauración del Hospital de San Miguel y la inauguración del Instituto del Estado.[1]
            El 1 de febrero de 1827 pronunció el discurso que dio comienzo a las sesiones de la legislatura local. Las palabras de Cumplido describieron un panorama adverso para las finanzas públicas; reconocía que los ingresos eran insuficientes para cubrir los gastos y las deudas negociadas por el estado y conminaba a los diputados a trabajar en la difícil tarea de modernizar la hacienda pública y el sistema tributario. En pocas palabras, Gobernador y Congreso tendrían que trabajar en conjunto para sacar a Jalisco de la crisis económica, mejorando la recaudación de impuestos y ampliando el padrón de contribuyentes.[2]
          La realidad era que los gastos aumentaban y en las arcas públicas no había dinero que alcanzara. Cumplido, desde el comienzo de su administración, se comprometió a inaugurar el Instituto del Estado, máxime que el proyecto y su realización exitosa comprometía uno de los principios e ideales más caros del grupo político que respaldaba al vicegobernador: la modernización de la educación.
          En efecto, como lo anunció Cumplido, la fundación del Instituto tuvo lugar el 14 de febrero. Éste sin duda representaba un gran logro tanto del extinto Sánchez como de su sucesor Cumplido, pero el proyecto educativo que traía entre manos el grupo gobernante era de miras aún más amplias, implicaba una verdadera reforma educativa que contemplaba llevar los beneficios de la educación a las clases populares a través de la apertura de escuelas municipales foráneas.

 

Son dados a conocer los Convenios de Pochotitlán

1 de febrero de 1862
 
              La soberanía nacional había sido profanada. Los invasores franceses avanzaban de Veracruz al interior de la República Mexicana. La rebelión de los indios nayaritas, encabezados por Manuel Lozada, el “Tigre de Alica”, aunque importante, dejó de ser una prioridad. El general Ramón Corona, apelando a los sentimientos nacionalistas del “Tigre de Álica”, le propuso un acuerdo: si por voluntad propia y de buen agrado dejaba las armas, el gobierno lo exoneraría de todos los crímenes y culpas imputados a él y a sus hombres; además, las autoridades le regresarían sus bienes y le permitirían vivir en paz.
             Corona designó al jefe liberal sinaloense, Plácido Vega, como negociador frente al caudillo nayarita. Los acuerdos, al menos en el papel, dejaron satisfechas a ambas partes; sin mayores problemas, el gobernador de Jalisco, el general Pedro Ogazón, y Lozada los ratificaron y, el 1 de febrero de 1862, fueron dados a conocer públicamente como los Convenios de Pochotitlán.
          Las negociaciones habían sido exitosas. Sin embargo, Ogazón abandonó Tepic con una inquietud. La efectividad de los convenios estaba en riesgo por la permanencia de Corona en tierras de Lozada. La rivalidad que mutuamente se profesaban podría detonar, de un momento a otro, nuevos conflictos y combates. La Nación estaba siendo invadida y se requería la unidad de todos los mexicanos. Bajo esta previsión, el gobernador retira a Corona de los dominios lozadeños y le ordena desplazarse a Mascota para continuar la lucha.
           Las victorias de Corona son importantes; pero pronto son opacadas por la terrible derrota que le propina Lozada el 13 de mayo en el cerro del Ceboruco. En este punto, formado por lava volcánica, el “Tigre de Álica” ejecutó una astuta emboscada que puso a Corona en peligro de muerte. Tras la sonada derrota, el “Defensor de Jalisco” logró reagrupar una parte de sus dispersas tropas que encontró en el camino y con ellos se dirigió a Mazatlán. 
            Como lo previó el gobernador Ogazón, Lozada no dudó en romper con Los convenios de Pochotitlán. Sus razones eran justificables, aunque poco patrióticas: la intervención hería de muerte a los gobiernos republicanos y esto le daba ventajas militares y, sobre todo, una inmejorable oportunidad para consumar la autonomía de Tepic. En el mes de junio, Lozada declaró insubsistentes los convenios firmados el 1 de febrero y sorpresivamente atacó y tomó la ciudad de Tepic. Se adueñó de casi todo el 7° cantón con excepción de algunos poblados defendidos por Corona.
            La acusación de traidor persiguió a Lozada. Corona lamentó no poder marchar a combatir a los franceses que, tras romper los Convenios de la Soledad, avanzaban rumbo a Puebla, donde su general en jefe, Carlos Fernando Lorencez, sufriría la histórica derrota del 5 de mayo a manos del general Ignacio Zaragoza.[3] Corona emprende varios esfuerzos para recuperar Tepic, mas Lozada lo repelió en todos. En Platanares, el “Tigre de Álica” destrozó al ejército del “Defensor de Jalisco” de una manera tan contundente que lo obligó a huir con una escasa tropa rumbo a Sinaloa.   

           

Elección del político jalisciense Justo Corro como presidente interino de la República

27 de febrero de 1836
 
           La presidencia interina de José Justo Corro, del 27 de febrero de 1836 al 19 de abril de 1837, cerró un periodo constitucional en la República Mexicana, que se había iniciado desde el 1º de abril de 1833 y que consistía, entre otras cosas, en la concepción de un nuevo sistema político para la República.

           El domingo 21 de febrero de 1836, después de un largo paseo por el bosque de Chapultepec, el entonces Presidente Interino de la República, el Gral. Miguel  Barragán, se sintió indispuesto y no pudo asistir a un suntuoso banquete que Manuel Barrera había preparado en su honor. La indisposición era el síntoma de un mal mayor: una enfermedad que imposibilitó a la  general para cumplir con las funciones de su cargo.

            Seis días después, el sábado 27, el Congreso General solicitó una sesión extraordinaria para las nueve de la mañana. En ella, el Secretario de Relaciones expuso lo sabido ya por muchos: la enfermedad del general Barragán y su posible muerte (ningún médico había logrado curarlo “aún los extranjeros”) era necesario buscar un sucesor que pudiera ocupar su cargo o sustituirlo. Después de un ligero debate sobre el modo pertinente para proceder a la elección, acordaron los miembros que se hiciera por cédulas. El resultado fue claro: 51 a favor de José Justo Corro, entonces Ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos, 18 para Nicolás Bravo, 12 para el general Parres y 1 para Mangino.
          De inmediato se acordó que en esa misma sesión el recién elegido presidente interino se presentara a prestar el juramento establecido, y así se hizo. A la media hora del comunicado, las tropas ya habían formado una valla en los corredores del Palacio, sin tocar cajas ni clarines para no molestar al enfermo, y el señor Corro se presentó en la Cámara a prestar el juramento de ley.
         Cabe aclarar que el repentino triunfo de Justo Corro para suceder al Gral. Barragán, no tenía mayor fin que el deseo de las Cámaras de alejar de la presidencia de la República a cualquier personaje que pudiera crear dificultades o influir en la discusión del nuevo código político que se venía discutiendo, la constitución centralista. Nadie mejor  que Corro, hombre tan nuevo en la vida pública que no contaba en aquel entonces con amigos ni enemigos políticos.  
        Fue hasta el 2 de marzo de 1836 cuando el Lic. Corro tomó posesión del cargo, esperando el visto bueno de Antonio López Santa Anna, ausente por la guerra de Texas. A Santa Anna la elección del nuevo sucesor de Barragán le tuvo sin cuidado, limitándose a contestar de enterado. El nuevo presidente organizó pronto su ministerio: José María Ortiz en el Despacho de Relaciones y Joaquín Iturbide en el de Justicia, José María Tornel en Guerra, y Rafael Mangino en el de Hacienda

 

Miguel López de Legazpi es designado capitán de la expedición que partió de Barra de Navidad en busca de la Vuelta del Poniente

Febrero de 1561
 
              Tenía Andrés de Urdaneta escasos seis años de haber iniciado su vida monástica cuando, literalmente, fue exclaustrado. El virrey Luis Velasco lo requería en los trabajos preliminares de la expedición a Filipinas. Estos comenzaron en septiembre de 1559 y concluyeron hasta noviembre de 1564. A pesar de su condición clerical, Urdaneta dedicó todo su tiempo a los preparativos. Bajo su supervisión fueron construidos cuatros navíos en el astillero de Navidad. Urdaneta hubiera preferido que la fabricación y salida de la flota fuera de Acapulco; pero, al final, el monarca, Felipe II, impuso su parecer.

            La enorme tarea de su construcción recayó sobre los antiguos habitantes del litoral jalisciense. Muchos de los indios empleados, tanto en el astillero como en las labores de traslado, murieron fatigados o, en términos menos corteses, reventaron en los trajines y labores. [4]

             A dos años de iniciados los trabajos, el virrey se topó con otro problema: por ser Urdaneta monje estaba imposibilitado, por las leyes eclesiásticas, a capitanear la expedición.  Podía dirigir de facto las naves; pero, nominalmente, otro debía quedar responsable. El elegido para subsanar esta formalidad fue Miguel López de Legazpi; personaje que, junto con Urdaneta, firmó la proeza y pasó a la historia como el conquistador de las Filipinas.[5] Luis de Velasco le notificó al rey, en febrero de 1561, sobre la designación de Legazpi como jefe de la expedición. Urdaneta asumiría la función de director de navegación y operaciones. 
            Tal y como lo previó Urdaneta, la población local padeció para construir la armada. Para agravar aún más la situación, el 27 de mayo de 1563, un fuerte temblor cimbró la zona arrasando con la mayoría de las casas. Para entonces, los trabajos estaban muy adelantados: los barcos eran aprovisionados de avituallamientos, víveres y municiones. Pero la urgencia de reconstruir los poblados, afectados por el sismo, demandó más trabajadores. El virrey ordenó traer indios de varias partes: Colima, Tuxpan, Ameca, provincia de Ávalos e incluso del puerto de Navidad para que apoyaran las tares.
             El virrey no dejó desamparada a la población. La historia lo recuerda como un buen gobernador que murió, en su cargo, el 31 de julio de 1564, a escasos cuatro meses para que partiera la armada de Legazpi y Urdaneta. Cómo lo preveían las Leyes de Indias, el gobierno de la Nueva España recayó, temporalmente, en la Real Audiencia.
            Con apego a los deseos de Felipe II, los oidores alteraron la ruta de navegación trazada por Urdaneta, en completo acuerdo con Luis de Velasco. El nuevo plan, el cual conocerá el “Monje y Marino” mar adentro, condujo la armada directo a las islas Molucas y de allí a las Filipinas, evitando la isla de Nueva Guinea, destino original de la antigua ruta. 
 

 
[1] Prisciliano Sánchez ordenó la clausura de la Universidad de Guadalajara el 18 de enero de 1826, la medida obedecía al interés de modernizar la educación superior, dejándola bajo la tutela del Estado, quien se encargaría de convertirla en un instrumento para combatir la ignorancia, las falsas ideas y la superstición.  
[2]Como testificó Juan N. Cumplido en su informe ante la legislatura, los gastos de la administración estatal iban en ascenso y la recaudación de recursos era ineficaz y desorganizada: “Por adjunta nota se verá a lo que ascienden los ingresos y egresos de la Tesorería del Estado en el próximo año de 826: al mismo tiempo por el presupuesto formado para el corriente año se advierte que excede del anterior de 122.280ps. 6rs. 6gs. Por la suma mayor de contingencias que adeuda el Estado a la Federación en el presente año y otros caudales que han ingresado a la tesorería cuya deuda reconoce”. Juan N. Cumplido “Memoria...1827”, enJalisco, testimonio de sus gobernantes, pág.  78.
[3]Zaragoza, Ignacio: sobrevivió poco a su triunfo (del 5 mayo), pues fue atacado de tifoidea; murió en la ciudad de Puebla el 8 de septiembre de 1862.
[4]Muriá, José Ma. Historia de Jalisco. Tomo 1, UNED, Guadalajara, 1980, p. 448.
[5]Miguel López de Legazpi nace en un villorio vecino a Zumárraga, Guipúzcoa, en 1505. Trasladado a México, permanece allí durante 29 años. Hidalgo y devoto cristiano, ocupa varios cargos, entre ellos el de Secretario del Ayuntamiento de México y, más tarde, de la Casa de Moneda. Contrae matrimonio en México con Isabel Garcés. Tienen nueve hijos. Es uno de los fundadores de la Cofradía del Santo Nombre en México en 1537. Pizano y Saucedo, op. cit. p. 26.
Autor: martha.ramirez - Secretaría General de Gobierno
Fecha de actualización: 31/01/2017 - 18:21:09