Secretaría General de Gobierno

Efemerides del mes

Diciembre  2017

 

Es inaugurado el Teatro Experimental de Jalisco
 
6 de diciembre de 1960
 
Con la presencia del presidente de la República, Lic. Adolfo López Mateos y el gobernador del estado Juan Gil Preciado quedó oficialmente inaugurado el Teatro Experimental de Jalisco. “Destinándolo a taller de teatro para los alumnos egresados de las Escuelas de Arte Dramático” en palabras del Lic. José de Jesús Limón, entonces Jefe del Departamento de Educación Pública del Estado.
   La culminación del proyecto respondió, desde el inicio, a la preocupación latente del gobierno de Jalisco por acatar una disposición educativa consignada en la Ley de los Servicios Culturales que, lamentablemente, permanecía aplazada por lo precario de los medios disponibles. El estudio precedente no se hizo esperar. Se analizaron las condiciones de los mejores teatros modernos para crear lo que se conoce como “relación directa” entre público y actores y completar con ello un amplio compendio de experiencias, aprovechando ventajas y eliminando defectos.     
   El estudio abarcó tamaño, cupo, diseño, acomodo, acústica, alumbrado, maquinización del foro, salidas del mismo, camerinos, servicios y otros elementos. No es de extrañar entonces que el colosal edificio busque sorprender al mismo tiempo que cultiva y fomenta el buen gusto de la ciudadanía.
  El arquitecto Eric Coufal buscó desde el principio un desconcertante juego de formas y relaciones espaciales en el diseño que no correspondiera a las modalidades arquitectónicas conocidas. Las formas, netamente primitivas: lisos rectángulos, cubos sin perforaciones, herméticos cilindros y truncas pirámides, parecen reflejar una clara revalorización de las formas hispanas y el afortunado mestizaje expresado en vértices y aristas.
  El conjunto, imponente y armonioso, empieza al cruzar una amplia plazoleta de diseño irregular, dejando al extremo izquierdo, como un anexo apenas, a la taquilla custodiada por una elevada torre triangular, para terminar con una magnificente fachada de setenta metros. Al fondo, y con diez escalones de por medio, se encuentra la plataforma de entrada de unos cien metros cuadrados, descubierta y circunscrita por tres muros de diferentes alturas que funcionan como marco a la figura de quince metros del escultor Olivier Seguin. La gigantesca estatua, vaciada en concreto, sugiere así mismo los signos de la tragedia y la comedia.
    Al lado derecho de la plataforma se encuentra el acceso al vestíbulo de ciento ochenta metros cuadrados, en el que se distribuyen las entradas a la administración, a la cabina de control electrónico, la escalera que conduce al balcón y el encortinado acceso al lunetario. En un extremo del vestíbulo se aprecia el mural de cuarenta y dos metros cuadrados del pintor Gabriel Flores. El acrílico representa la síntesis del arte teatral en México. En ángulo con el mural se encuentra un rectángulo vertical de cien metros, revestido con mármoles de Juchitlán, que ostenta los nombres de músicos y dramaturgos que han dado gloria a Jalisco.
   Por su parte, la sala de espectáculos es de forma trapezoidal; gracias al diseño de sus paredes laterales y la inclinación del piso teniendo en la parte más baja el escenario, ante el cual se elevan una fila paralela de butacas. Semejante diseño permite que la cantidad prevista de público, aproximadamente trescientas sesenta personas, goce de mejores ángulos visuales y acústica. Al conjunto se integran los implementos teatrales habituales: fosos bajo el tablado y plafones de resonancia. La sala ocupa una superficie de doscientos diez metros cuadrados y el balcón proporciona otros cien metros más.
   Finalmente el foro se construyó sobre un foso de regular profundidad y cubre una superficie de ciento cincuenta metros cuadrados y catorce de frente. Se trata de un escenario mixto, es decir, utilizable como escenario tradicional con la profundidad y amplitud que exigen las obras clásicas, y al mismo tiempo, mecanizado con foro giratorio destinado a obras que requieren menos profundidad escénica y más rápida mutación.
            El Teatro experimental de Jalisco fue estrenado el 14 de diciembre del 1960.             
 
 
Fallece Francisco Rojas González, eminente escritor de novelas y cuentos, antropólogo, etnólogo y autor de algunos guiones para cine
 
11 de diciembre de 1951
 
Francisco Rojas González nació en Guadalajara, Jalisco, el 10 de marzo de 1903. Cursó sus primeros grados escolares en La Barca; luego se trasladó a la ciudad de México para continuar con sus estudios universitarios en la Escuela de Comercio y Administración. Por su dedicación se convierte en el alumno predilecto de Miguel Othón de Mendizábal, que impartía la cátedra de Etnografía en el Museo Nacional.
    A partir de 1920 trabajó en la Secretaría de Relaciones. Muy pronto fue nombrado canciller en Guatemala y después en Salt Lake City, Utah, E.U.A. Desde 1934 comenzó sus estudios étnicos y sociológicos en la U.N.A.M. Más adelante se convertiría en el director de Estadística y miembro distinguido de la Sociedad de Geografía y Estadística, de la Asociación Mexicana de Sociología, de la Sociedad Mexicana de Antropología y de la Asociación Folklórica de México. Su labor como investigador es sumamente destacada, algunos de sus trabajos: Cuatro cartas de Geografía de las Lenguas de México, Estudio etnológico de Ocoyoacac, Etnografía de México (obra inédita), el capítulo histórico-etnográfico de Los Tarascos, la parte relativa a “Etnografía y Folklore”.
   Sus frecuentes viajes por diversas regiones del país lo pusieron en contacto directo con núcleos indígenas; conoció de manera cercana y directa a las poblaciones indígenas y rurales de México. No es de extrañar que este conocimiento se refleje en su obra y resplandezca sobre todo en sus cuentos. Aunque, ciertamente, en la obra de Rojas González no falta el vínculo del escritor con el folklore y con las costumbres indígenas y rurales, los valores de su obra residen sobre todo en la sinceridad y en el amor que pone al ver esos ámbitos, y en la sencillez y transparencia para relatar sin actitudes pretenciosas.
   El diosero, su libro de cuentos más conocido y célebre, se publicó por vez primera, en 1952, en la colección Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica. Algunas de las historias que lo componen son por definición antológicas, por ejemplo "La tona", "Las vacas de Quiviquinta", "La parábola del joven tuerto", "La venganza de Carlos Mango", "Nuestra Señora de Nequetejé", "Los diez responsos" y, desde luego, la que da título al libro. El éxito del libro se vio reflejado cuando pasó a formar parte de la famosa Colección Popular del Fondo de Cultura Económica, en la que ha conocido múltiples reediciones con amplios tirajes. Uno de los reconocidos méritos del libro radica en su capacidad para iniciar en la lectura.
   El sitio destacado que logró Rojas Gónzalez  en nuestra literatura se debe no sólo a estos cuentos, sino también a otras colecciones de historias cortas que alternan los temas rurales y citadinos, entre ellas "Historia de un frac y otros cuentos" (1931), "Sed" (1931), "Cuentos de ayer y de hoy" (1946); así como las novelas La negra Angustias (1944) y Lola Casanova (1947).
     El autor de El diosero  tiene un talento narrativo natural y una capacidad singular para reconstruir fiel y expresivamente los ambientes del campo. Su modo de expresión es directo, conciso, en armonía con los sucesos que relata. Emilio Carballido dice del autor: “El lenguaje procede de la plaza, de los campos: es vivo, funcional. Su estilo está construido a imagen y semejanza de los temas que le preocupaban y de sus personajes, que comprendió y conoció”.
Es del todo exacta la afirmación de que en las páginas de Rojas González, ya sea en sus novelas o en sus cuentos, sobresale un espíritu de amorosa observación, como también es verdad que nos entregó una sincera belleza, sin pretensiones, de esos ambientes y de esa gente del México rural que él realmente apreció. No hay en sus libros una mirada de superioridad cultural, desde el punto de vista del narrador ajeno, sino una forma llana y libre de todo prejuicio presente  aun en sus cuentos que de tan directos y crudos podrían pasar por crueles, como el antológico "La parábola del joven tuerto".
 
Muere el maestro e historiador José Cornejo Franco
 
26 de diciembre de 1976
 
Muere en la ciudad de Guadalajara el historiador y catedrático José Cornejo Franco.
   Nació en Tepatitlán, el 9 de diciembre de 1900. Sus padres fueron José María Cornejo Venegas y María de Jesús Franco. A los tres años de edad su familia se fue a radicar a Guadalajara. En la capital tapatía cursa la primaria en el Colegio López Cotilla y en el Instituto San José. De inteligencia precoz, a los veinte años es nombrado encargado de la biblioteca de la Escuela Preparatoria de Jalisco, noble profesión que siguió ejerciendo toda su vida animado por su gran amor a los libros; un amor que desde niño mostró y de grande refrendó; se dice que conservaba con especial cariño el Silabario de San Miguel en el que aprendió a leer y un diminuto ejemplar del Quijote editado por Calleja que su padre le regaló de pequeño.
    En el breve tiempo que dirigió la biblioteca de la Preparatoria, de 1920 a 1922, sólo aceptó su primera paga e íntegra la gastó en unos obsequios para sus padres, las restantes quincenas las destinó a comprar libros para el acervo del plantel. 
   En 1921 dirigió la revista estudiantil Bohemia. En esta época universitaria, Cornejo Franco inició una prolija carrera literaria y se relacionó con personajes de las letras y la historia de su estado. En La Gacetade Guadalajara, dirigida por Luis M. Rivera, publica sus primeros artículos. La revista Bandera de Provincias, en la que participaban escritores de la talla de Agustín Yáñez, le concedía un espacio para que presentara sus trabajos y ensayos de historia regional.
   Recién reinaugurada la Universidad de Guadalajara, recibe una invitación del propio José Guadalupe Zuno para sumarse al plantel docente de la institución. Dentro de la esfera universitaria, su innata vocación lo hizo gravitar o dirigirse a los objetos de su verdadera pasión: los libros. En efecto, el rector, Enrique Díaz León lo nombró, en 1930, director de la Biblioteca Pública del Estado. Permanece al frente de la institución sólo un año; en su ensayo La Literaturaen Jalisco se queja amargamente del mal servicio de la biblioteca y de la mala organización y acomodo de sus acervos.
   A la par de su desempeño como bibliotecario, imparte clases en distintas instituciones educativas, en la Preparatoria de Jalisco y en la Escuela Normal. Es también por aquellas fechas cuando asume la subdirección del Museo del Estado.
   Sigue publicando. Su exitosa carrera como historiador y literato va dejando una cuantiosa estela de artículos y ensayos. Entre sus muchas publicaciones destacan Guadalajara Colonial, 1939; La introducción del agua a Guadalajara, 1941; Testimonios de Guadalajara, 1942, entre otras obras. 
    Sus artículos salen publicados con regularidad en periódicos como Las Noticias, El Sol de Guadalajara y el Boletín de la Junta Auxiliar Jalisciense de la Sociedad Mexicana de Geografía; esta última publicación estuvo bajo su dirección desde 1935.
    En 1949 retoma el cargo de director de la Biblioteca del Estado y en el permaneció hasta su muerte. En 1950 ingresó a la Academia Mexicana de Historia; su lugar se lo ganó gracias a un trabajo que realizó acerca de la vida y obra de fray Luis del Refugio Palacios y Basave.
    La obra de Cornejo Franco, al igual que la de otros importantes historiadores  como Luis Pérez Verdía y Alberto Santoscoy, ha ayudado a esclarecer importantes puntos y aspectos de la historia de Jalisco, sobre todo lo referente a su época colonial. No es extraño, entonces, que el Gobierno de Jalisco y la Universidad de Guadalajara no hayan desaprovechado la oportunidad para homenajear en vida al historiador. En 1953, el Gobierno del Estado le otorgó la medalla al mérito José María Vigil; ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua y cuatro años después la Universidad lo nombró maestro honorario vitalicio.
   Uno de los últimos servicios que le prestó a su estado y a su universidad fue el de dirigir los trabajos de traslado de la Biblioteca del Estado a su nuevo inmueble. Su antiguo domicilio se encontraba en la calle Hidalgo y de allí fue reubicada al recién construido edificio de la Casa de la Cultura Jalisciense.
   El historiador, catedrático y sobre todo amante de los libros, José Cornejo Franco, muere en el mes de diciembre de 1976.         

Autor: martha.ramirez - Secretaría General de Gobierno
Fecha de actualización: 08/12/2017 - 21:27:37