Secretaría General de Gobierno

Efemerides del mes

Mayo  2018

Entrevista el gobernador José de la Cruz con Don Agustín de Iturbide

7 de mayo de 1821
Por las acertadas acciones militares y políticas del general realista José de la Cruz, los movimientos insurrectos posteriores al de Hidalgo, como el de José María Morelos o el de Javier Mina, no se propagaron o tomaron auge en la Nueva Galicia.
De la Cruz afianzó el dominio realista o español en la Nueva Galicia, pero ni todo su genio militar y político le alcanzó para resistir al último de los movimientos independentistas el que, por cierto, le dio la estocada de muerte al régimen colonial.
La peor de sus derrotas la sufrió no en el campo de batalla, sino en el terreno de los ideales políticos. La mayoría de sus oficiales y soldados no compartían su lealtad a España. En cambio, las ideas enarboladas por Agustín de Iturbide, esas tres promesas que el Libertador representó en los colores de la bandera trigarante: “religión, unidad e independencia” fueron acogidas sin esfuerzo. Ellas sintetizaban los más profundos y verdaderos anhelos de los mexicanos: militares, civiles y clérigos.
Como simple atención, De la Cruz aceptó entrevistarse con Iturbide en la hacienda de San Antonio, perteneciente a La Barca, el 7 de mayo de 1821. Iturbide lo invitó a sumarse a la causa libertaria; el general realista le respondió con evasivas que dejaron entrever que no aceptaría. De regreso a la ciudad, De la Cruz tomó algunas providencias para resistir el eminente ataque de los iturbidistas: como levantar trincheras y defensas. Sin embargo, estas medidas fueron más desesperadas que efectivas. La mayor parte de su tropa y mandos militares eran afectos a Iturbide y esperaban con ansia el momento para pronunciarse a favor de la independencia.
El brigadier Pedro Celestino Negrete se puso al mando de ellos y reunió un fuerte contingente en San Pedro Tlaquepaque dispuesto a atacar la plaza. En la ciudad, los pocos soldados y oficiales que no se sumaron al Plan de Iguala no eran suficientes para organizar una decorosa defensa. De la Cruz estaba acabado y lo sabía. Casi de incógnito, abandonó la ciudad; se escondió en Zapopan y de allí salió con rumbo a Durango, donde de nuevo reuniría fuerzas para enfrentar la insurrección.

 

Exigen las autoridades jaliscienses al poder central el establecimiento del sistema federal

12 de mayo de 1823
El emperador Don Agustín de Iturbide fue derrocado por el Plan de Casa Mata. La mayoría de las provincias aceptaron, de momento, el  gobierno emergido del Plan; pero, con el tiempo, muchas de ellas asumieron una actitud de desacato y como en el caso de Jalisco de franca rebeldía hacia los poderes de la capital. Las diputaciones locales empezaron a recelar de las autoridades capitalinas, desconfiaban del triunvirato  y del Congreso general, que gobernaban la república. Por ello, diputaciones como la de Jalisco demandaron el cumplimiento del Plan de Casa Mata y la elección de nuevos diputados.
Detrás de estas acciones de rebeldía y tendencias separatistas, muchos centralistas creyeron ver la mano de los desplazados iturbidistas; daban por hecho que los partidarios del derrocado emperador se habían replegado a las provincias con la intención sabotear al gobierno central y fraguar el regreso del Libertador.
El principal bastión de los iturbidistas parecía ser Jalisco, la acusación no parecía ser tan infundada; la entidad, en su momento, mostró una franca adhesión al emperador. Después del triunfo de Casa Mata, sus autoridades exigieron al gobierno central, en una carta fechada el 12 de mayo, la instauración del régimen federalista. A estas pruebas se sumaba el hecho de que Jalisco era gobernado por dos de los más fieles partidarios de Iturbide: Luis Quintanar y Anastasio Bustamante.
            Para el historiador Pérez Verdía, la acusación que pesaba sobre Jalisco, y sus autoridades, era infundada; no se estaba gestando en el estado un movimiento separatista ni sus jefes políticos conspiraban a favor del regreso de Iturbide. En la capital se creía lo contrario. Los poderes del centro enviaron a José Joaquín de Herrera a destituir del mando político del estado a Luis Quintanar, quien sólo conservaría la jefatura militar de la entidad.
El enviado del gobierno central fue rechazado. Los diputados locales declararon que la entidad dejaba su antiguo estatus de provincia y se constituía en estado soberano federado con los demás estados de la nación mexicana. Esta medida, por demás desafiante, tuvo su contestación. El triunvirato decidió tomar medidas más severas para disciplinar a Jalisco. Jalisco fue invadido por las tropas centralistas; pero al final, no sin graves consecuencias, como la pérdida del territorio de Colima, el federalismo o el reconocimiento de la soberanía de los estados se impuso. 

 

Por indicación del jalisciense, Valentín Gómez Farías, el congreso pone a votación el nombrar a Agustín de Iturbide emperador de México

19 de mayo de 1822
A pesar de la resistencia de las pocas tropas realista leales a España, el ejército Trigarante, encabezado por el general Agustín de Iturbide, logró en pocos meses la consumación de la Independencia.
El último virrey de la Nueva España, Juan de O´Donojú llegó a negociar con Iturbide la rendición de los realistas y la Independencia de México. El 27 de septiembre, el Ejército Trigarante desfiló por las calles de la Capital dando por terminada la Guerra de Independencia.
Iturbide premió a sus colaboradores, entre los que estaba Luis Quintanar. Por el mes de octubre, lo nombró mariscal de campo y a su compañero de armas, Anastasio Bustamante, lo ascendió a capitán general. Lo siguiente fue la proclamación de Iturbide como emperador de México.
La noche del 18 de mayo, el sargento mayor Pío Marcha, secundado por una muchedumbre, se pronunció en las calles de la capital por la coronación de Iturbide como emperador de México. El alboroto y el entusiasmo popular se desbordaron. La regencia, órgano encargado del gobierno, le aconsejó a Iturbide aceptar el nombramiento que le hacía la voz popular; lo mismo le sugirieron, a través de Bustamante y del brigadier Joaquín Parre, la guarnición que custodiaba la capital.
La mañana siguiente, es decir, el 19 de mayo, se reunieron los miembros del congreso a deliberar. Fue el jalisciense, Valentín Gómez Farías, con el apoyo de otros 46 diputados, quien sugirió que se pusiera a votación la designación. En presencia del Libertador y de una multitud que no dejaba de aclamarlo, 72 diputados dieron su voto a favor y 15 lo hicieron en contra. El nombre que adoptó Iturbide fue el de Agustín I, emperador de México.
 

 

Inician los trabajos de construcción de la cárcel de Escobedo

24 de mayo de 1845
La Cárcel Correccional, más conocida como Penitenciaría de Escobedo, nació bajo la idea humanista-ilustrada de re-adaptar, y no tanto de castigar, al delincuente. Su funcionamiento y finalidades estuvieron inspirados en el modelo de lapenitencia y el trabajo del sistema Filadelfia.    
Bajo estas ideas, surgió la iniciativa de construir la nueva penitenciaría. La propuesta vino de Mariano Otero; el gobernador en turno, Antonio Escobedo, acogió la iniciativa. Los trabajos de construcción comenzaron el sábado 24 de mayo de 1845. La obra marchó con pasos titubeantes: la escasez de presupuesto y los incesantes conflictos políticos y militares entorpecieron los trabajos. Como reflejo o síntoma de la falta de continuidad está el hecho de que la obra cambiara constantemente de encargado. En total fueron cuatro arquitectos.
El primero de ellos, Nebel, nació en Alemania. Arquitecto por profesión e historiador por afición, Nebel ni siquiera entregó los planos que le encargaron en represalia por el incumplimiento con su pago. No le embolsaron en tiempo y forma los 700 pesos acordados por su trabajo. El historiador Villaseñor y Villaseñor sostiene que el arquitecto alemán sí entregó los planos de la nueva penitenciaria y que estos, después, pasaron a manos de su colega español, José Ramón Cuevas.[1]
Cuevas había ganado fama y prestigio como arquitecto en Guadalajara. Según Villaseñor, el arquitecto español modificó los planos de Nebel, debido a que estos contemplaban que la construcción se realizaría en un local contiguo a la cervecería la “La Perla”. Los planes cambiaron y el proyecto también.
 Sobre este punto también los historiadores difieren. El libro Historia de Jalisco, coordinado por el doctor José María Múria, precisa que Cuevas se dio a la tarea de buscar un nuevo lugar. La primera opción fue al oriente del río San Juan de Dios. Después, el prior de los Carmelitas, fray Manuel de San Juan Crisóstomo Nájera, propuso que la edificación se realizara en el terreno ocupado por la huerta del convento del Carmen. Para este propósito, lo ofreció en venta. El prior fundamentó su idea o sugerencia en que el lugar resultaba más seco, elevado y por tanto más higiénico.[2] Y fue allí donde quedó edificada la penitenciaria, en una zona que en la actualidad es ocupada, en parte, por el Parque Revolución.
 

[1]Villaseñor y Villaseñor, Ramiro. Las calles históricas de Guadalajara. Tomo II, UNED, México, 1987, Pg. 12.
[2]MURIA, José María. Historia de Jalisco. Tomo III, UNED, México, 1981, Pg. 557.
 

Guadalajara celebra la coronación de Iturbide

28 de mayo 1822
Pedro Celestino Negrete tuvo el privilegio de ser el primer jefe político y militar de Jalisco después de la consumación de la independencia. Sustituyó en el cargo a José de la Cruz, el último gobernador español que mandó sobre la antes Intendencia de Guadalajara, hoy estado de Jalisco. Negrete dejó al poco tiempo el puesto de intendente para ir en persecución del general realista De la Cruz.
Como estaba acordado, José Antonio Andrade lo sustituyó en el cargo. Su gobierno duró menos de un año; se separó del cargo al ser electo diputado para el Congreso Nacional. Negrete, por aquellas fechas, fue nombrado capitán general de la Intendencia de Guadalajara, puesto que le daba autoridad sobre los gobernadores de dicha intendencia. Fue precisamente Negrete quien colocó a Gutiérrez y Ulloa de nuevo en el puesto de intendente y jefe político.
Durante su nuevo periodo, tuvieron lugar, a nivel nacional, acontecimientos de suma relevancia como la instauración del Congreso Nacional, cuya principal misión era dotar al Imperio mexicano de una constitución.
A Gutiérrez y Ulloa le correspondió anunciar oficialmente a los habitantes de su intendencia la proclamación de Agustín de Iturbide como emperador de México. La noticia causó una enorme alegría a los habitantes de Guadalajara, según refiere Pérez Verdía:
Los documentos oficiales acerca de la proclamación de Iturbide, se recibieron en Guadalajara a la dos de la mañana del 28 de mayo y una hora después, los repiques, las músicas, la iluminación general de las casas y los vítores entusiastas, revelaban las grandes simpatías hacia el nuevo soberano.
No sólo el pueblo de Jalisco era partidario de Iturbide, muchos de los hombres más insignes de esta tierra manifestaron en su oportunidad su adhesión al primer emperador de México; el caso más notable fue el de Juan Ruiz Cabañas. El 20 de julio 1822, el obispo Cabañas presidió la misa de coronación de Iturbide I y de su esposa. Otro jalisciense insigne que estuvo presente fue el capitán general Pedro Celestino Negrete; quien recibió títulos y condecoraciones, al parecer, en la misma ceremonia. Cuando vino la debacle del Imperio muchos de estos iturbidistas se convirtieron en fervorosos republicanos y en perseguidores de los partidarios del derrocado emperador como fue el caso del propio Celestino Negrete.  
 

Gral. José de la Cruz

1811-1821
Por Fabian Acosta Rico
José de la Cruznació en el municipio de Arapiles, provincia de Salamanca, España, en 1786. Hizo sus estudios en la Universidad Salmantina. Participó en las campañas contra el ejército napoleónico, a las órdenes del general Cuesta, con el grado de sargento; ascendiendo hasta obtener, del gobierno refugiado en Cádiz, el bastón de General.
Llegó a México con el Virrey Francisco Xavier Venegas, quien le daría el mando de una de las tres divisiones realistas para combatir a las fuerzas insurgentes de Miguel Hidalgo, con el cargo de Mariscal de Campo y Comandante General de las Provincias Internas Occidentales de la Nueva España. Llegó a Guadalajara en enero de 1811.
Derrotó a José Antonio “El Amo” Torres y a José María Mercado; y finalmente, el 14 de enero, a Ruperto Mier en la Batalla de Urepetiro. Recuperó el Puerto de San Blas que se encontraba en dominio de los insurgentes. En retribución, en 1811, fue nombrado Presidente de la Real Audiencia de Guadalajaray quinto Intendente de la Nueva Galicia.           
Cargo que ocupó hasta el término de la guerra de Independencia en 1821, siendo el último españolrealista en ocupar el cargo. Fundó la Casa de Moneda en esa ciudad en 1813. Fue condecorado por el rey Fernando VIIde Españapor sus victorias en la guerra de Independencia de la Nueva Españacon la Real y Americana Orden de Isabel la Católica, en grado de Gran Cruz.
En mayo de 1821, tras la proclamación del Plan de Iguala, se rehusó adherirse a Agustín de Iturbidey al Ejército Trigarantepor lo que tuvo que replegarse a Zacatecasy después a Durango, debido a la deserción de Pedro Celestino Negrete. En este último lugar confrontó a los independentistas, finalmente capituló el 31 de agostode 1821. Regresó a España, donde se convertiría en Ministro de Guerra por dos periodos, de 1823a 1824, y de 1824a 1826. A la muerte de Fernando VII, en 1833, De la Cruz ocupaba el cargo de Ministro Interino de Marina, la confianza que el rey le tenía hizo nombrarle, en su testamento, miembro suplente del Consejo de Regencia, que se instauró por no haber un heredero certero al trono español.
A la edad de 47 años participó en la Primera Guerra Carlista(1833 – 1840). Como absolutista y conservador, apoyó la ascensión al trono del infante Carlos María Isidro, hermano de Fernando VIIy, por ende, desconoció los derechos de sucesión de la hija del fallecido monarca, la princesa de Asturias, la futura Isabel II.
Al triunfo del bando isabelino y pactado el Acuerdo de Vergara(en el que se establecía que los empleos, grados y condecoraciones carlistas serían reconocidos), De la Cruz ostentaría el cargo de Teniente General y Senador Vitalicio; no obstante, partiría, en 1845, hacia su exilio en Francia donde murió en 1856a la edad de setenta años.
 
 

Autor: martha.ramirez - Secretaría General de Gobierno
Fecha de actualización: 17/05/2018 - 15:29:07