Efemerides del mes



Noviembre 2019

 

Tlaquepaque estrena Palacio Municipal

12 de noviembre de 1982

Después de 20 meses terminaron los trabajos de ampliación y remoción del palacio municipal de Tlaquepaque. La inauguración estuvo presidida por el entonces gobernador de Jalisco, Flavio Romero de Velasco.
 
Tlaquepaque es una de las cuatro municipalidades que integran la zona metropolitana de Guadalajara. Es un poblado antiguo que perteneció a la confederación de principados indígenas tributarios de la reina de Tonalá; así fue hasta la llegada del español Nuño Beltrán de Guzmán, conquistador de estas tierras. 
 
Tlaquepaque significa, en lengua indígena, tierra de hombres que trabajan el barro; el nombre describe la vocación tradicional del municipio; desde tiempos remotos sus habitantes se han dedicado a la alfarería; actividad que les ha dado merecida fama por la originalidad y belleza de sus obras y creaciones.
 
Antes de que el crecimiento urbano de Guadalajara la incorporará a la zona metropolitana, la “Villa Alfarera” era la puerta de entrada a la capital tapatía; todavía a principios del siglo XX, las pudientes familias tapatías veraneaban en las lujosas casas de la Villa.
 
Tiene ayuntamiento desde 1824 y perteneció al primer cantón de Guadalajara hasta 1885, cuando por decreto se estableció que el municipio de San Pedro Tlaquepaque comprendería, además de la cabecera, los pueblos de Santa María, San Sebastián, Toluquilla y Tetlán.
 
En su época moderna, el municipio experimentó importantes cambios; la expansión de su economía estuvo marcada por la internacionalización de sus artesanías; los pequeños talleres se transformaron en factorías que empezaron a comercializar sus productos en el extranjero. Además, la conservación de sus casonas coloniales y porfirianas aunado a la apertura de restaurantes de comida típica y de tiendas de artesanías la convirtieron en un atractivo punto turístico.
 
Un reflejo palpable de este crecimiento fue, sin duda, la remoción y ampliación de su palacio municipal. La obra tuvo un costo considerable; el ayuntamiento, el que por cierto estaba precedido por el alcalde Salvador Orozco y Loreto, desembolsó, aproximadamente, 52 millones, cantidad que superó y por mucho los 20 millones calculados inicialmente.
 
La ceremonia inaugural tuvo un carácter popular; centenares de parroquianos aguardaron con expectación y entusiasmo la llegada del gobernador y de su distinguida esposa, María Yolanda Castilleros de Romero, quienes se presentaron a la cita a la 13:15 horas. Los recibieron el cuerpo edilicio y el presidente municipal.
 
Cumplido el protocolo, gobernador y munícipe, junto con sus respectivas comitivas, recorrieron el interior del edificio; saludaron desde el balcón a la multitud congregada y departieron en el salón del cabildo de regidores.
 
El evento concluyó de forma festiva con alegres notas del Monumental Mariachi de Tlaquepaque.
 
En palabras del munícipe, el palacio posee, por la amplitud y buena distribución de sus espacios, la bondad de la funcionalidad; cualidad indispensable en un inmueble público. A la funcionalidad se le añade la belleza; su concepto arquitectónico no desentona con el estilo colonial característico de la cabecera de Tlaquepaque; lo respeta y se integra a la composición urbana de fincas viejas y calles de baldosas, tan característica de los pueblos jaliscienses.
 

 

Muere en la Ciudad de México el arquitecto jalisciense Luis Barragán

22 de noviembre de 1988

Muere en la ciudad de México el arquitecto jalisciense Luis Barragán. Nació en Guadalajara el 9 de marzo de 1902. Barragán provenía de una familia de hacendados de profundas creencias religiosos. Sus padres fueron Juan José Barragán y Ángela Morfín. Junto con sus seis hermanos vio pasar sus años de infancia en el barrio de Santa Mónica, lugar donde se ubicaba el domicilio de la familia Barragán, por calle Pedro Loza. Estudio en escuelas particulares de jesuitas y maristas. En vacaciones visitaba la hacienda familiar de Corrales, que colindaba con Mazamitla, Jalisco.
 
En aquellos sus primeros años, la mirada de Barragán quedó fascinada con las herbales estampas del campo jalisciense; amó las fincas rurales y educó su sensibilidad artística en la vieja arquitectura colonial que se le manifestaba en templos, conventos y palacios.
 
En aquella atmósfera de jardines, acueductos y atrios iba naciendo un artista que creó con el tiempo su propio estilo.
 
En 1919 inició sus estudios de ingeniería en la Escuela Libre de Ingenieros de Guadalajara y la concluyó cuatro años después. Entre sus profesores, hubo uno que ejerció sobre él una influencia especial y decisiva, el arquitecto Agustín Basave. El profesor Basave no se conformaba con enseñar teorías y técnicas, le importaba también despertar en sus alumnos la sensibilidad artística y en el joven Barragán encontró un receptivo y genial discípulo.
 
Tras obtener su título de ingeniero, se preparó para cursar las asignaturas complementarías que requería para que le fuera acreditado el título de arquitecto. Un viaje y ciertos avatares que afectaron a su escuela le impidieron continuar.
 
Sale de México concluida su carrera y regresa para el año de 1925. Visita España y Francia. Ésta último país experimentaba todo una revolución artística. El Art Nouveau pasaba a mejor vida y aparecía el Art Deco. Este innovador estilo aún no se conocía lo suficiente en México y Barragán pudo apreciarlo en la exposición de las Artes Decorativas de París, junto con la obra de otro de sus inspiradores, Ferdinand Bac.
 
La arquitectura de paisaje de Bac le mostró que en el arte de crear espacios para ser habitados o para la recreación no sólo hay que apelar a la funcionalidad; el arquitecto es también un artista y por tanto no debe renunciar al ejercicio de imaginar y por tanto de crear con originalidad e inspiración. Bac orientó la imaginación e inspiración de Barragán hacía los jardines, hacia los espacios herbales. El Parque Revolución, obra de Luis Barragán, es resultado de este encuentro que tuvo el arquitecto con el Art Deco y de las orientaciones de Bac.
 
Visitar la ciudad española de Granada y en especial la Ahlambra fue toda una experiencia para Barragán; reconoció en la vieja arquitectura de la ciudad muchos de los rasgos estilísticos de las construcciones antiguas mexicanas: muros altos, ventanas chicas, jardines interiores, casas orientadas hacia dentro. Enriqueció sus concepciones artísticas con las estampas de la vieja arquitectura española; por resultarle familiares las asimiló y destiló en su afán de crear su propio estilo.
 
En 1930 viaja, junto con su padre a los Estados Unidos; durante el trayecto éste muere. Tal hecho lo obligan a hacerse cargo de los negocios de la familia. Pero no por mucho tiempo. El agrarismo despoja a la familia Barragán de buena parte de su fortuna. Decide entonces domiciliarse en la capital de la República. Antes realiza otro viaje por Europa y África con una pequeña escala en Nueva York.
 
En 1945 hace mancuerna con José Bustamante en un proyecto donde ambos comprometen su dinero y talento. Desarrollan la planificación y urbanización del fraccionamiento Jardines del Pedregal de San Ángel.
 
Entre los años de 1952 y 1964 se involucra en sinfín de proyectos en los que destila con generosidad su talento y sensibilidad; en esas fechas de su mente y pluma surgen la capilla de las Capuchinas Sacramentarias de Tlalpan, el fraccionamiento Jardines del Bosques de Guadalajara, Ciudad Satélite, fraccionamiento residencial los Clubes, entre otros.
 
Es un artista incansable e inspirado que había ganado fama en su país y en el extranjero, dueño ya de un estilo propio definido por su idea de conjugar la arquitectura y la naturaleza bajo un concepto sobrio, armonioso, íntimo y de matices localistas (obviamente mexicanos). En 1976, el museo de Nueva York realizó una muestra retrospectiva de su obra. Cuatro años después le otorgan el Premio Pritzker, el cual lo distinguía como uno de los grandes arquitectos del siglo.
 
Su nación también lo homenajeo. En 1985 viajo a su ciudad natal a recibir el Premio Jalisco y el Museo Tamayo, uniéndose a este propósito de darle el debido reconocimiento a su trayectoria, montó una exposición sobre su obra.
 
En 1987 se le otorgó el premio América de Arquitectura. Murió al año en su casa de Tacubaya, en la ciudad de México. Sus restos descansan en el panteón Mezquitán de Guadalajara.
 

 

Es inaugurada Plaza del Sol

26 de noviembre de 1969

En una ceremonia que congregó a autoridades políticos, religiosos y prominentes empresarios tapatíos se inauguró la que fue, en su momento, la plaza más grande toda Latinoamérica, Plaza del Sol. Construida en tiempo récord y elogiada por su modernidad, dimensiones y funcionalidad, Plaza del Sol se convirtió en un verdadero hito dentro de la historia del comercio tapatío.
 
Presidió el evento el entonces gobernador, licenciado Francisco Medina Ascencio, en el sitio de honor lo acompañó el presidente de los centros comerciales de Guadalajara, el señor Miguel Moragrega, el presidente municipal de Guadalajara, licenciado Efraín Urzúa Macías entre otros importantes personajes.
 
El discurso pronunciado por el gobernador Medina Ascencio reflejó un sentimiento y parecer compartido por buena parte de la sociedad tapatía; no eran pocos los que opinaban que aquel complejo de tiendas y locales en general eran una clara muestra del empuje económico de nuestra Estado y un palpable testimonio de la grandeza que iba alcanzado Guadalajara.
 
La perla tapatía se transformaba. De ser una prospera ciudad media, colonial y provincial, mudaba de fisonomía urbana a un ritmo acelerado; se develaba ante sus habitantes con un nuevo perfil que denotaba el tren de progreso y prosperidad que se vivían en aquellos venturosos años, en los cuales las calles eran ensanchadas para convertirlas en avenidas; se construían edificios monumentales y cines a imitación de las grandes salas y teatros de las ciudad más cosmopolitas del continente.
 
El gobernador también le dirigió unas palabras de agradecimiento al presidente Gustavo Díaz Ordaz. Recordó que hace apenas un año, un grupo de empresarios jaliscienses le solicitaron al presidente su apoyo para echar andar el monumental proyecto, mismo que en el transcurso de unos cuantos meses y en un tiempo récord quedó concluido. Por estas razones, subrayó el gobernador, la plaza fue dedicada al presidente y así quedó asentado en la placa que durante la ceremonia fue develada. En su inscripción se lee:
 
La Plaza del Sol fue puesta al servicio de Guadalajara el 25 de noviembre de 1969, por el Gobernador del Estado, Lic. Francisco Medina Ascencio, y está dedicada al Presidente de la República, Lic. Gustavo Díaz Ordaz (Occidental, 26 de noviembre de 1969)
La Inauguración incluyó la correspondiente bendición; la cual fue realizada por el cardenal José Garibi Rivera. El cardenal, al igual que el gobernador, expresó su satisfacción y orgullo por la obra, la cual esperaba le rindiera un buen servicio a la comunidad. Inició la bendición en la plaza central, de allí se dirigió a las calles principales donde están ubicadas los locales más grandes; lo acompañó una comitiva integrada por accionistas de la plaza, periodistas y fotógrafos.
Tras concluir su recorrido, bendijo el establecimiento de farmacia Levy en presencia de su dueño, el señor Eduardo Levy. Después seguiría el turno del local de la tienda Maxi, propiedad de los señores Miguel Moragrega Jr. y Luis Moragrega Bacquer.

 

Juan José Arreola recibe el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura 1979

26 de noviembre de 1979

Juan José Arreola nació en Zapotlán el Grande, hoy Ciudad Guzmán, el 21 de septiembre de 1918. Fue el cuarto hijo de los catorce que tuvieron Felipe Arreola Mendoza y Victoria Zúñiga. Su niñez transcurrió entre el caos provocado por la revolución cristera y la necesidad de trabajar desde pequeño. El niño recitador de Zapotlán, como sería conocido en la infancia, se trasladó a la ciudad de México en 1936 para inscribirse en la escuela de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes. Ahí, bajo la dirección de Fernando Wagner, Rodolfo Usigli Y Xavier Villaurrutia, daría rienda a su vocación y gusto por el teatro y la pantomima.
 
Además de los múltiples oficios que desempeñó: ayudante de impresor, tostador y molinero de café, almacenista en una tienda de ropa, abarrotero, periodista, mozo de cuerda, cobrador de banco, actor, comediante, panadero, vendedor de sandalias… Arreola descubrió su vocación de maestro y más tarde, la que lo haría famoso: la de narrador.
 
De vuelta en Jalisco, conoce a Juan Rulfo y Antonio Alatorre con quienes colaboró y trabajó en la publicación de la revista Pan. Para 1945 obtiene una beca para estudiar actuación y declamación en París, donde permanece un año bajo la protección de Louis Jouvet. Ahí conoce a J. L. Barrault y Pierre Renoir. Un año después regresa y es becado en la sección de filología de El Colegio de México, además de trabajar como corrector en el Fondo de Cultura Económica por tres años.
 
En 1949 publicó Varia invención, libro que reúne cuentos escritos desde 1941 y en donde Juan José definió su estilo al escribir y estructurar un novedoso tipo de cuento (que fue precisamente llamado “varia invención”). Le siguieron Confabulario (1952), obra por la cual recibe al año siguiente el Premio Jalisco en Literatura, y Bestiario (1959). Con estas dos publicaciones, sumadas a la primera, fue posible apreciar el estilo único, entre irónico y grotesco, para tratar anécdotas sobre los problemas existenciales del hombre moderno.
 
Arreola le apuesta a un lector activo, capaz y dispuesto a participar en el proceso de creación. Siguió La feria (1963) en donde gracias a la fragmentación, por medio de distintas voces, le da vida a una Zapotlán fundamentalmente literaria y pintoresca. Ese mismo año recibe el Premio de Literatura Xavier Villaurrutia
 
Aparecen después, Palindroma (1971), Ramón López Velarde, una lectura parcial (1988), Y ahora la mujer... (1975), Inventario (1976) y La palabra educación (1979). Arreola fue también un incansable colaborador en revistas: Letras de México, El Hijo Pródigo, Universidad de México; y los suplementos culturales de Novedades y Siempre, entre otros.
 
En el transcurso de su vida, Juan José Arreola recibió numerosas distinciones por su obra como el Premio Nacional de Periodismo Cultural, el Premio Internacional de Literatura Juan Rulfo, la condecoración del gobierno de Francia como oficial de Artes y Letras Francesas, la Medalla Jorge Luis Borges, etc.
 
En el año de 1979 recibe de manos del presidente de la República, José López Portillo, el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura en la Ciudad de México. En 1997, le otorgan el Premio Alfonso Reyes; y en 1998, el Premio Ramón López Velarde. En 1999, con motivo de su ochenta aniversario, el H. Ayuntamiento de Guadalajara le entregó un reconocimiento y fue nombrado hijo preclaro y predilecto, durante una ceremonia protocolar efectuada en el Hospicio Cabañas
 
El escritor jalisciense falleció en Guadalajara a la edad de 83 años, el 3 de diciembre de 2001. Fue un excelente cuentista y maestro de la prosa; aunque su obra es relativamente escasa, alcanzó numerosas ediciones y es traducida actualmente a varios idiomas. Juan José Arreola es reconocido como un hito en la literatura hispanoamericana y es considerado, junto con Rulfo y Yáñez, como uno de los tres grandes narradores jaliscienses de la literatura contemporánea mexicana.

 

Tiene lugar en la ciudad de Guadalajara la primera “Reunión de alcaldes de Latinoamérica y del Caribe”

27 de noviembre de 1974

La ciudad de Guadalajara fue sede de la primera Reunión de alcaldes de Latinoamérica y del Caribe. El evento no sólo dio acogida a presidentes municipales de la región, asistieron también munícipes de Europa, Estados Unidos, Canadá, Asía, África y 17 embajadores; la diversidad de sus participantes le dio a la reunión un tinte internacional que remarcó la importancia y trascendencia del mismo.
 
El Gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Guadalajara se encargaron de la organización; el recibimiento oficial corrió por cuenta del entonces regente de la Ciudad de México, Octavio Sentíes Gómez.
 
En nombre del entonces presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, el regente capitalino dio comienzo a los trabajos de la reunión, en una ceremonia que tuvo lugar en uno de los más bellos escenarios tapatíos, el Teatro Degollado.
 
La inauguración se desarrolló bajo una atmósfera de cortesía y hospitalidad. Asistieron a ella todos los delegados e invitados especiales. Además del regente, los otros anfitriones fueron el gobernador del estado, Alberto Orozco Romero y el presidente municipal de Guadalajara, Juan Delgado Navarro.
 
Como lo marcó la agenda del día, el presidente tapatío se encargó de dar la bienvenida; el gobernador jalisciense pronunció un discurso; acto seguido, la Banda del Estado ejecutó un popurrí de canciones mexicanas. Vinieron después las palabras de Aldo Aniasi, alcalde de la ciudad de Milán, Italia, sede de la Conferencia Mundial de Alcaldes. En nombre de los invitados habló el alcalde; tras concluir, el regente capitalino, Octavio Sentíes, inauguró la reunión.
 
Concluida la ceremonia, las actividades continuaron. En el centro de la Amistad Internacional se expusieron, a propósito de la reunión, obras de arte, fotografías y artesanías típicas del folclore mexicano, además de productos de exportación de Jalisco y del occidente de México.
 
Los asistentes concluyeron la primera jornada del encuentro entre sesiones de trabajo que terminaron con un concierto y cena en el Hospicio Cabañas.
 
La reunión rindió frutos. Presidentes municipales de todo el mundo expusieron problemas y soluciones. En el diálogo compartieron experiencias.
 
Los presidentes municipales de México hablaron y lo hicieron en tono enérgico. Convocaron a una rueda de prensa en el Centro de la Amistad Internacional. Ante los medios se pronunciaron en contra de la centralización y el presidencialismo. Hecho por demás inusual. Hablaron también de la pobreza que aqueja al municipio mexicano. Pobreza que, en su opinión, era ocasionada por la mala distribución de la riqueza federal, pero que también tenía su raíz en los abusos y marginación que, desde siempre, han padecido sus gobernados de manos de caciques y oligarcas locales.
 
El evento finalizó con otra significativa ceremonia que tuvo lugar el día 30 del mismo mes.
 

 

Trasladan los restos de Mariano Otero a la Rotonda de los hombres Ilustres

29 de noviembre. 1982

Los restos del ilustre jurista y político jalisciense, Mariano Otero, fueron trasladados a la Rotonda de los Hombres Ilustres durante una ceremonia en la cual el gobierno del estado le rindió homenaje y recordó la vida y méritos de este prócer de la Reforma.
 
Acaecida su muerte, en 1850, los restos de Otero descansaron en el panteón de San Fernando, de la Ciudad de México hasta que, por petición del gobierno de Jalisco, fueron exhumados y traídos a la tierra que vio nacer a este ilustre reformador.
 
La comisión que se encargó del traslado la integraron Vargas Avalos, subprocurador de Justicia del Estado, César Gabriel Alfaro Anguiano, representante local de la Sociedad de Geografía e Historia y Carlos García de Quevedo, de la Barra de Abogados Ignacio L. Vallarta.
 
Momentos antes de la reinhumación, los tres poderes del Estado se congregaron plenariamente en uno de los salones del Palacio Legislativo; diputados y funcionarios recordaron y honraron la memoria de Otero, el joven legislador que, a lado de personajes como Valentín Gómez Farías y Don Benito Juárez, defendió desde su curul de diputado y después de senador, los ideales republicanos, las garantías individuales y los principios democráticos; los pocos años que vivió, le bastaron para probar su heroísmo político enarbolando y luchando por los valores e ideas que forjaron el México moderno, el México que hoy somos.
 
En torno a la urna que contenía los restos de Otero, hicieron guardia de honor el entonces gobernador, Flavio Romero de Velasco, el Presidente del Supremo Tribunal de Justicia, Miguel Guevara Jiménez, el diputado Antonio Vizcaíno Barajas entre otros representantes y políticos. Concluidos los discursos y las guardias, una gallarda escolta de cadetes del Colegio del Aire, tomó la urna y la custodió hasta la Rotonda.
 
Entre ofrendas florales, uniformes de gala y un sol otoñal, los discursos reaparecieron en aquel espacio público; en esta nueva oportunidad, el encargado de laurear el ejemplo y los logros de Otero fue el escritor José Rogelio Álvarez.
 
El orador destacó que Otero tuvo una corta vida, nació en 1817 y murió en 1850, sin embargo, adelantó en inteligencia y valor a muchos que le superaban en años; con el impulso de su amigo y mecenas, José Luis Verdía, terminó con honores la carrera de abogado a la edad de 18 años.
 
Al año siguiente contrae nupcias con Andrea Arce Garibaldi. Intuyendo, quizá, la brevedad de su vida, inició muy joven su carrera política en una época, dicho sea de paso, marcada por el signo de Antonio López de Santa Anna, el caudillo eternamente enamorado de la silla presidencial, el “héroe” que condujo a los ejércitos mexicanos a sus más dolorosas derrotas.
 
En su tierra natal, la Junta Departamental que gobernaba Jalisco lo nombró secretario, cargo que dejó para irse, en 1841, de diputado al Congreso Constituyente.
 
Como lo apuntó en su discurso el escritor Álvarez, es en esta etapa cuando la estrella de Otero brilló con todo su fulgor. De su mente y pluma emanaron tratados y discursos que proponían la reforma del Estado, defendían los derechos del hombre y de las minorías sociales y urgían sobre la necesidad de alcanzar la unidad nacional. Entre sus escritos y discursos, destaca el intitulado: Ensayo sobre el Verdadero Estado de la Cuestión Social y Política.
 
Su vertiginosa carrera lo condujo, en muy poco tiempo, del poder legislativo al ejecutivo. En su papel de ministro de Relaciones Interiores y Exteriores, cargo que asume en 1847, se pronunció en contra de los tratados de Guadalupe Hidalgo, es decir, reprobó la negociaciones pactadas con los invasores estadounidenses que concluyeron con la pérdida de más de la mitad del territorio nacional.
 
Dejó su cartera de ministro en 1848, pero no abandonó el escenario político. Es nombrado senador por Jalisco; no concluye su periodo, muere en 1850.
 
Sus restos descansan, junto con los de otros jaliscienses insignes, en la Rotonda.
 
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Publicado por: martha.ramirezcarrillo
Fecha de actualización: Jue, 11/07/2019 - 10:03