Secretaría General de Gobierno

Efemerides del mes

Diciembre 2018

 

Instaura Hidalgo en Guadalajara su gobierno

1 de diciembre de 1810
 
Después de su derrota en Aculco, en el intento de apoderarse de la capital de México, Hidalgo aceptó la invitación de José Antonio el “Amo” Torres de trasladarse a la ciudad de Guadalajara. Junto con la ciudad, gran parte de Jalisco y Colima eran dominados por las fuerzas de Torres.
 
El cura de Dolores instauró en la capital tapatía su gobierno, el primero de corte insurgente y expidió una serie de medidas o decretos tendientes a desarticular el régimen colonial; entre ellos estaba la abolición de la esclavitud y el levantamiento de la restricción tocantes al cultivo del tabaco y la elaboración de pólvora; fue suprimido, también, el papel sellado, hasta entonces obligatorio en todo tramite oficial.
 
 El obispo Juan Ruiz Cabañas, en su afán de resguardar la ciudad, organizó a sacerdotes y fieles en una milicia bautizada como el “batallón de la Cruzada” que, ante la proximidad del enemigo, simplemente se dispersó. Los fieles a España o realistas, a pesar de sus esfuerzos, no pudieron impedir que la insurrección progresa en el occidente de México.
 
El amo Torres suplió su falta de armamento y de soldados preparado con ingenio; literalmente derrotó a pedradas, el 4 de noviembre de 1810,[1] a las fuerzas del militar realistas Tomás Ignacio Villaseñor. Con esta victoria, Torres avanzó sin mayor resistencia sobre Guadalajara.
 
Hidalgo recibió el parte de novedades de Torres, quien de paso lo exhortó a  tomar el mando del ejército y de la ciudad. Aún recuperándose del revés  militar de Aculco y sobrellevando la insubordinación de su principal colaborador, Ignacio Allende, Hidalgo aceptó la invitación de Torres casi por necesidad. En una carta fechada el 22 de noviembre, le hace saber a éste el día de su llegada.
 
Acompañado de una considerable fuerza, el cura Hidalgo entró en la Nueva Galicia por el camino de la Barca. La principales autoridades civiles y eclesiásticas, por cortesía o queriendo calibrar el animo del caudillo, se anticiparon a su llegada. Se trasladaron en 22 carruajes y le dieron la bienvenida en Atequiza.
 
Los neogallegos recibieron con alfombra roja a Hidalgo. En San Pedro, Tlaquepaque, lugar de la garita de ingreso a Guadalajara, se repitió la anterior escena; ante el cura de Dolores desfilaron miembros del cabildo eclesiástico, catedráticos de la universidad, escolares y demás integrantes de las corporaciones oficiales. Todos estaban allí para mostrarle a Hidalgo hospitalidad y rendirle homenaje.
 
En carro descubierto y acompañado del Amo Torres y del gobernador político, José María Chico, Hidalgo fue trasladado a Guadalajara, el 26 de noviembre de 1810.[2]
 
La Nueva Galicia, gracias a los éxitos militares de Torres y del cura José María Mercado era tierra conquistada para la causa insurgente. De tal suerte que Hidalgo y sus colaboradores gozaron, de momento, de la tranquilidad necesaria para atender asuntos tan prioritarios o inaplazables como la instauración de un gobierno insurgente.
 
Mas el tiempo apremiaba, pues, en persecución de Allende, las fuerzas realistas, comandadas por el general Felix María Calleja se aproximaban a la Nueva Galicia con la intención de liquidar la insurrección.
 
Con el enemigo tocando a la puerta, Hidalgo conformó un efímero gobierno, cuya relevancia estribó no en su duración o alcances, sino en el hecho de haber sido el primero cuyos integrantes estaban comprometidos plenamente con la independencia de México.
 
Quedó este constituido por dos ministerios; el primero recibió  el nombre de gracia y justicia, lo  presidió José María Chico; el segundo, Secretaría de Estado y del Despacho, recayó en Ignacio López Rayón; importante personajes que, tras la ejecución de Hidalgo, continúo en nombre del cura de Dolores la lucha libertaria. [3]
 
 

El caudillo insurgente, José María Mercado toma el puerto de San Blas

1 de diciembre de 1810
 
El mismo día en que Miguel Hidalgo instauraba el primer gobierno insurgente, en la capital de la Nueva Galicia; el cura de Ahualulco, José María Mercado ocupaba el puerto de San Blas sin que sus defensores le presentaran combate.

José Antonio Torres se apoderó de Guadalajara. Temerosos de los ajusticiamientos y represalias insurgentes, un buen número de peninsulares y funcionarios españoles huyó de la ciudad dirigiendo sus pasos hacía el puerto de San Blas, donde pudieron  embarcarse con rumbo al puerto de Acapulco.[4]
 
En su persecución salió Mercado. No logró capturarlos; pero, si se apoderó del puerto. La manera en que consiguió la rendición de la plaza es digna de reconocimiento, pues para lograrla le bastó una tropa indisciplinada, poco numerosa y mal armada que nunca trabó combate con los defensores de San Blas.
 
Por encomienda de Hidalgo, Torres comandaba las fuerzas insurgentes que operaban en el occidente de México. Mercado aceptó el liderazgo militar del “Amo Torres”. Con su autorización inició la campaña de Tepic y posteriormente la del puerto de San Blas.   
 
En Tepic, Mercado sopesó el ánimo de los hombres que defendían la causa española. Como después lo constataría a las afueras de San Blas, los realistas tenían una idea desmesurada y aterradora de la insurrección. Supo capitalizar este temor.
 
Al frente de 20 hombres y en compañía de Juan José Zea, en calidad de subalterno, Mercado se presentó a las afueras de Tepic, el 23 de noviembre. Sus defensores, 20 soldados de la compañía de veteranos, cuyo comandante se hallaba en San Blas, además de rendirse abrazaron la causa insurgente.[5]
 
En Tepic, el cura de Ahualulco reforzó su improvisada gavilla; además de la incorporación de los veteranos, un buen número de indios serranos tomaron partido por la independencia, aumentado los efectivos del cura insurgente a dos mil hombres. Con esta tropa, más seis cañones que pudo rescatar, salió de aquella población después de una estancia de tres días.
 
Su objetivo era el puerto de San Blas, punto importante por varias razones tanto militares como económicas. El puerto tenía su valor estratégica: en él se encontraba el apostadero de la Real Armada. Además, su tráfico marítimo comercial le proporcionaba abundantes recursos desde vivires hasta pertrechos de guerra que, dicho sea de paso, el oficial a cargo de su defensa, el capitán de fragata, José Lavayen no supo aprovechar pues, en vez de echar mano de ellos, se limitó, timoratamente, a dejarlos a disposición de un enemigo que no representaba mayor amenaza.
 
En efecto, Lavayen disponía de una abundante aprovisionamiento de vivieres y agua  para resistir un sitio prolongado. Además, contaba con soldados suficientes y bien atrincherados en un castillo o fuerte respetable, en el que tenía emplazados casi medio centenar de cañones.
 
La entrada al puerta es angosta, la mayor parte de San Blas esta de cara al mar. Custodiando las costas tenía el capitán a varios barcos: una fragata, dos bergantines, una goleta y dos lanchas cañoneras. En cifras, las fuerzas de Lavayen eran muy superiores a las de Mercado, el capitán disponía, según el historiador Pérez Verdía de:
 

Trescientos europeos armados... ciento y tantas piezas de artillería de todos los calibre, y montadas cuarenta de ellas con sus correspondientes municione, y ocho o nueve oficiales de marina.[6]

 
Todas estas formidables defensa de nada sirvieron ante los embustes de Mercado. Elocuente y taimado a la vez, el cura de Ahualulco intimido al comandante de aquella respetable fuerza. Lo invitó a rendirse sin dilatar, pues de lo contrario pondría la villa bajo sitio y con él la población quedaría expuesta a la fiereza de sus bravos combatientes, cuyo ímpetu sólo era superado por su número. En este punto, Mercado exageraba, deliberada y maliciosamente, con la intención de disuadir y acobardar a su enemigo.
 
Mercado le advertía a Lavayen que sus hombres no le ajustarían y tendría que echar mano de  mujeres y niños para resistir y aún así, a cada uno de ellos le tocaría enfrentar a diez de sus insurgentes. La única salida que le dejaba era la rendición. El capitán aceptó; sacrificaba su honor con tal de salvar a la población de los tan conocidos saqueos y matanzas insurgentes. Mercado, por el contrario, fue premiado por Hidalgo con el grado de brigadier y de paso rotuló su nombre en la historia de Jalisco y de México. [7]
 
 

El general delahuertista, Enrique Estrada se apodera de Guadalajara obligando al gobernador José Guadalupe Zuno a huir

7 de diciembre de 1923,
 
El levantamiento armado del general Adolfo de la Huerta en contra del presidente Álvaro Obregón obtuvo en el occidente del país un importante éxito militar, cuando el general delahuertista Enrique Estrada tomó el estado de Jalisco y nombró, al día siguiente, a Francisco Tolentino gobernador provisional en lugar de José Guadalupe Zuno, quien, meses después, retomó la gubernatura cuando la rebelión fue sometida por los generales leales al régimen obregonista.
 
El conflicto se suscitó desde la contienda presidencial que enfrentó a Adolfo de la Huerta con Plutarco Elías Calles, el candidato del “hombre fuerte” de la Revolución, Álvaro Obregón. La división en la “Familia Revolucionaria” fue patente cuando De la Huerta renunció, el 25 de septiembre, al Ministerio de Hacienda por sus diferencias con Obregón, y para preparar mejor su campaña por la silla presidencial. Disgustado por el apoyo gubernamental que recibió dolosamente su contrincante Calles; se olvidó de los discursos y la propaganda y el 7 de diciembre se rebeló en Veracruz contra Obregón.
 
Como si estuvieran esperando la sonada armada, de inmediato varías decenas de generales se unieron decididamente a De la Huerta, entre ellos, el que más figuró y sorprendió, al menos en el occidente del país, fue el general Enrique Estrada, jefe de la Segunda División del Noroeste. Estrada mantuvo comunicación constante con De la Huerta, estaba listo para actuar con decisión y cálculo, y así lo hizo. El mismo día del pronunciamiento, le envió un telegrama a Obregón donde le advertía que derrocaría a su gobierno porque éste se olvidó de los principios de la Revolución y violaba la Ley que juró cumplir.
 
Los soldados estradistas en pocas horas se apoderaron de Guadalajara y de las oficinas gubernamentales. Fiel a Obregón y sin apoyo militar, Zuno abandonó la capital. Al día siguiente, Estrada pone en su lugar a Francisco Tolentino.
 
Animado por la victoria alcanzada por los delahuertistas en Zacoalco, Estrada decide salir de Guadalajara para tomar la capital de la república, situación que aprovechan los obregonistas para lanzarse a la ofensiva y regresar al poder a Zuno. Los meses venideros fueron de derrotas para los 36 generales que secundaron a De la Huerta, muchos fueron fusilados como Manuel M. Diéguez, otros, como Enrique Estrada, lograron salir del país. Estrada tras sufrir un nuevo revés militar en Ocotlán se salvó de las represalias de Obregón escapando a los Estados Unidos.
 
 

Francisco Villa ocupa  la ciudad de Guadalajara

17 de diciembre de 1914
 
 Villa y su División del Norte entran a Guadalajara y se instalan en Palacio de Gobierno.
 
El panorama político militar del país era por demás borrascoso, los jefes y generales revolucionarios, tras derrocar a Victoriano Huerta, la emprendieron unos contra otros. La Convención de Aguascalientes nombró a Eulalio Gutiérrez presidente de la República; Emiliano Zapata y Francisco Villa le dieron su reconocimiento; no así Venustiano Carranza, quien ante el asedio de estos dos caudillos trasladó su gobierno a Veracruz, mientras una fuerza de 50 mil villistas y zapatistas ocupaban la capital, el 6 de diciembre.
 
Quedó claro que ni el Centauro del Norte ni el Caudillo del Sur ambicionaban el poder, pues tan pronto arreglaron unos asuntos con el presidente, acordaron en Xochimilco que el Ejército del Sur atacaría Puebla para después caer sobre Veracruz y poner fin al gobierno de Carranza. Mientras tanto, Villa combatiría a los carrancista en el norte.
 
En su avance en pos de las tropas obregonistas, Villa aprovecha para auxiliar a Julián Medina en su propósito de tomar Guadalajara. Medina ya había hecho lo propio al derrotar al carrancista Juan José Ríos y obligar a Manuel M. Diéguez a replegarse hasta Ciudad Guzmán, donde aguardó el avance conjunto de Villa y Medina sobre Guadalajara, hecho que se consumó el 17 de diciembre.
 
Diéguez no sembró simpatías entre los habitantes de la ciudad; muchas de sus acciones de gobierno fueron impopulares. Por eso, los tapatíos recibieron con entusiasmo y esperanza a los villistas de quienes esperaban un mejor trato, y así fue, al menos los primeros días. Villa nombró gobernador a Medina y ambos en pleno ejercicio del poder se comprometieron a dar seguridad tanto al trabajo como al capital. Inmuebles confiscados a la clase acomodada fueron devueltos a sus propietarios. Como una gracia especial, Villa estableció la tolerancia religiosa y otorgó todas las garantías necesarias para que los sacerdotes ejercieran su ministerio.
 
Con estas medidas, Villa se congració con los tapatíos, mas no por mucho tiempo, ya que presionado por las críticas que lo empezaban a tildarlo de reaccionario por tomar partido por la Iglesia y los ricos, cambió su actitud tolerante por otra más enérgica que no dejó duda sobre su filiación revolucionaria. Así lo demostró en un banquete que le ofrecieron el comercio, la banca y la industria. En dicha ocasión y para horror de los comensales mandó matar a Joaquín Cuesta Gallardo, hermano del ex gobernador de Jalisco.
 
Diéguez a pesar de su retirada a Ciudad Guzmán no había renunciado a la ofensiva y en cuanto vio a su ejército lo bastante reforzado con las tropas de Roque Estrada, Pedro Morales, Pedro Torres y Francisco Murguía, que venían en su auxilio, fue al encuentro de las fuerzas villistas de Guadalajara. Su avance no tuvo mayor percance hasta antes de llegar a las afueras de la ciudad, ya que sus tropas sólo enfrentaron pequeñas gavillas a las que derrotaron con facilidad.
 
El desenlace de toda aquella saga revolucionaria que tuvo lugar en Jalisco pronto habría de presentarse: Diéguez derrotó en el cerro del Cuatro a una fuerza de diez mil villistas y, en la tarde, en compañía de Murguía, terminó de barrer con el enemigo persiguiendo a los casi nueve mil hombres de Julián Medina y Rodolfo Fierro, que huían en franca desbandada. Sin más enemigos en el camino, el 19 de enero, Diéguez y Murguía entraron en Guadalajara, ciudad que en pocos meses volvió a ser presa de la guerra entre villistas y carrancistas.
 
 

Por órdenes de Hidalgo, empieza a publicarse el periódico insurgente el Despertador Americano.

20 de diciembre 1810
 
Aparece el primer número del periódico insurgente  El Despertador Americano.
Desde el inicio de la insurrección hidalguista, en septiembre de 1810, a enero de 1811, el escenario militar mostraba muchos cambios desfavorables para la causa insurgente. Tras la derrota sufrida por las fuerzas de Hidalgo a manos del general realista Felix María Calleja en Aculco, cuando su numeroso ejército estuvo apunto de tomar la Capital y en consecuencia de obtener una victoria definitiva; victoria que nunca llegó. Las tropas de Hidalgo se dispersaron; parte de su ejército siguió al general Ignacio Allende, quien, decepcionado del Padre de la Patria, quiso evitar nuevas derrotas continuando la lucha armada por su cuenta y riesgo.
 
Las disminuidas fuerzas de Hidalgo retrocedieron a Valladolid donde el Generalísimo recibió la invitación de José Antonio Torres, el famoso Amo Torres, de trasladarse a Guadalajara, plaza tomada por él y su hijo; le ofrecía no sólo darle refugio sino también ponerse a sus órdenes y entregarle el gobierno de la Ciudad. Hidalgo no tenía muchas opciones y aceptó gustoso.
 
Valladolid fue tomada por los realistas; Allende retrocede hasta Guanajuato; al poco tiempo abandonó esa plaza ante el acoso de Calleja y se refugió en Zacatecas. El general insurgente comprende que era mejor unir fuerzas con Hidalgo y sale de Zacatecas para encontrarse con el Cura de Dolores. El reencuentro es cortés; ninguno de los dos jefes deseaba que sus diferencias afectaran la marcha de la insurrección. 
 
Mas en un balance general, la revolución perdía terreno; los realistas tenían amagados a los insurgentes en la zona occidente del país. Hidalgo no se desalienta. Es dueño de la segunda ciudad más importante de todo el virreinato y ello dejaba a su alcance enormes recursos para continuar la guerra. Nombra a José Maria Mercado jefe de las divisiones que asediaban el importante y estratégico Puerto de San Blas.
 
Hidalgo se sentía seguro en sus nuevos dominios, tan fue así que no sólo retomó la ofensiva mandando tropas a Colima; se tomó, además, un respiro para organizar formalmente un gobierno insurgente en la “Perla tapatía”. Nombra ministros y envía un representante a los Estados Unidos. El designado fue Pascual Ortiz de Letona; su misión, ganarse el favor y la ayuda de los dignatarios estadounidenses. Letona extravió el rumbo y fue capturado por los realistas.
 
Esta fallida empresa se vio compensada por otra iniciativa de Hidalgo que sí se resolvió favorablemente. El cura de Dolores consideraba prioritario para la causa la divulgación de las ideas insurgentes, sobre todo entre la clase criolla; aprovechando que Guadalajara, junto con México, Puebla y Veracruz era una de las pocas ciudades con imprenta, decide sacarle partido a dicha ventaja y organiza la publicación del primer periódico insurgente: El Despertador Americano.
 
El Despertadorempezó a publicarse el 20 de diciembre de 1810.  Por designación de Hidalgo, su director fue el doctor Francisco Severo Maldonado nativo de Tepic, graduado de la Universidad de Guadalajara y cura de Mascota y Jalostotitlán.  A través de El Despertado, Hidalgo  divulgó no sólo sus ideas sino también dio a conocer, al poco público que sabía leer, sus proclamas, manifiestos y bandos.
 
El séptimo y último de los periódicos insurgentes fue publicado el 17 de enero de 1811, día por demás funesto para las fuerzas de Hidalgo. A las nueve de la mañana, en puente de Calderón, inició la batalla en la cual las fuerzas realistas encabezadas por el general Calleja le darán la estocada de muerte al ejército hidalguista. El combate duró seis horas; tras la derrota, los principales jefes insurgentes,  custodiados por una pequeña escolta, huyeron rumbo al norte.
 
Se estima que del séptimo número de El Despertador circularon pocos ejemplares o quizá ninguno, porque al entrar Calleja a Guadalajara, el 21 de enero, encontró 500 ejemplares aún  en la edición.
 
Su encargado, Severo Maldonado, se ocultó hasta la salida de Calleja de la ciudad y de la intendencia. Ante el nuevo jefe político y militar, José de la Cruz, negoció un indulto alegando que los insurgentes lo obligaron a redactar El Despertador. El perdón le fue otorgado. Y para hacerse aún más merecedor de él, Maldonado ofreció editar una nueva publicación pro realista y patriótica intitulada el Telégrafo del rey.
 
En ella, el acomodaticio Maldonado, no dudó en seguir pagando su indulto denigrando ampliamente a Hidalgo y a los insurgentes.
 

 
[1]El historiador Luis Pérez Verdía nos ofrece en su Historia Particular del Estado de Jalisco un colorida descripción del combate que libraron Torres y Villaseñor: “Villaseñor formó en batalla con su cañón en el centro y sus flancos defendidos por la caballería, pero al primer disparo se vino sobre él aquel cuerpo perfectamente compacto y a paso velocísimo arrojándole tal lluvia de piedras que casi todos los fusiles quedaron abollados e inservibles (...)”. Pérez Verdía, Luis. Historia del Estado de Jalisco. Tomo II.  Gráfica. Guadalajara, México, 1952.  Página 52.
[2]Amaya Topete, Jesús. Hidalgo en Jalisco. UNED. Guadalajara, México, 1985. Página 39.
 
[3]Arrangoiz, Francisco de Paula de. Porrúa. México, 2000. Página 64.
[4]Amaya Topete, Jesús. Hidalgo en Jalisco. UNED. Guadalajara, México, 1985. Página 45.
 
[5]Riva Palacios Vicente. México a  través de los siglos. Cumbre. México. Página 166.
[6]Pérez Verdía, Luis. Historia del Estado de Jalisco. Tomo II.  Gráfica. Guadalajara, México, 1952. Página 73.
 
[7]López, Juan (Comp.). José María Mercado, insurgente tapatío. Ayuntamiento de Guadalajara. México, 1973. Página 151
Autor: martha.ramirez - Secretaría General de Gobierno
Fecha de actualización: 05/12/2018 - 15:57:31